2 - Nacimiento e infancia

Leandro Néstor Sesarego

Nacimiento

Leandro Néstor Sesarego* nació el 19 de enero de 1929 en la Capital Federal (actual Ciudad de Buenos Aires) de la República Argentina.

*Nótese que al ser inscripto en el Registro Civil, su apellido perdió una S. Error muy común por aquellas épocas.

Hijo del oficial maquinista de la Marina Mercante, Bartolomé Sessarego, y de Herminia Ferreyra, ambos argentinos. Nieto de los italianos, Manuel Sessarego (también marino de profesión) y Catalina Pinasco.

Otro dato curioso es que Bartolomé, padre de Leandro, siendo niño vivió con su familia en el primer piso de la emblemática ochava donde comienza "Caminito" en el barrio de La Boca.


Entrada a Caminito, barrio de inmigrantes genoveses (xeneizes)

Debido a que era muy común y accesible, las familias acostumbraban a alquilar viviendas, mudándose de un barrio a otro en busca de progreso. Tal es el caso de Leandro que junto a su único hermano Telmo y sus padres, vivieron en distintos barrios porteños. (De los que recuerdo por relatos de Leandro, mi padre, Almagro, Boedo y una dirección sobre la calle Loria).

Infancia

Algunas pocas fotografías y anécdotas nos remiten a su infancia. Si consideramos su fecha de nacimiento, podemos decir que llegó al mundo poquito tiempo antes de la tan mentada "crisis del '30".


Caminando por Buenos Aires, de la mano de sus padres.

Donde hubo niños, hubo travesuras. Anécdotas como la de hacer un preparado con sustancias que se adquirían en las farmacias, que se comprimían en las tapitas de chapa de las botellas y se ponían sobre los rieles del tranvía para que a su paso estallaran produciendo su detonación, era lo más parecido a crear su propia "munición de guerra". Rayuela, balero y tantos juegos... los Carnavales, los disfraces, los bailes en los clubes de barrio. 


Disfrazado de pirata para los Carnavales

El football (aún no castellanizado) qué difícil cuando no había potrero cerca y había que improvisarlo sobre la superficie irregular de las calles de empedrado. Jugar incansablemente y transpirar hasta el momento de mayor adrenalina, cuando pegaba la vuelta a la esquina el "autito" de la policía y al grito de "rajemos muchachos!" todos emprendían como ratas la huida a la carrera para no ser atrapados por los agentes, que al parecer no admitían el fútbol callejero.

Molestar al vecino a la hora de la siesta, colgando un hilo del llamador de una puerta que atravesaba toda la calle hasta el zaguán de la casa de Leandro, donde se apiñaba la pandilla y espiaban por la ventanita por donde el cartero introducía la correspondencia, riendo hasta destriparse al ver al tano de enfrente salir cada vez que desde la vereda opuesta hacían golpear la puerta. La incertidumbre de ese pobre cristiano se evidenciaba en sus cómicas actitudes hasta que un día descubrió el truco y siguiendo el hilo que se perdía en el follaje de los árboles, lo vieron a través del diminuto rectángulo, dirigirse hacia la puerta que los ocultaba y ahí un nuevo desbande de pibes tenía lugar (travesuras de la época). Anécdotas como esta las he escuchado de mi padre una y otra vez a lo largo de los años.

La ausencia de televisión hacía que los niños devoraran cantidades de revistas de historietas y libros de aventuras clásicas, fábulas y cuentos. (Tal vez por eso nuestros adultos hoy ya muy mayores, además de tener excelente caligrafía, no tenían dificultades ortográficas en la escritura).

Así fue la infancia de Leandro Sesarego, plagada de aventuras y vivencias. Leyendo a destajo. Dando paso a la imaginación y a la fantasía. Algo comenzaba a gestarse en su interior. El Cómic, la Historieta que tanto lo atraían comenzaba a fluir por sus venas... Sin saber cómo terminaría, se había puesto en marcha su "Sueño del pibe"

Continuará...

Texto por Guillermo Sesarego, hijo de Leandro

Edición por Milton Sesarego, nieto de Leandro

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